Por el Derecho Humano al Agua

Enrique González Calderón / AECOS.

La costumbre de cuantificar cualquier realidad existente puede llevarnos a no ser conscientes de lo que suponen datos como que, actualmente, 783 millones de personas carecen de acceso a agua potable, cada día 5000 personas mueren por enfermedades relacionadas con problemas de agua y saneamiento; 6 kilómetros es la distancia media que recorren las mujeres en muchos países, principalmente de África y Asia, para ir a por agua, y hay otro dato que muestra que más de la mitad de la población de  África Subsahariana no dispone de agua potable a menos de 30 minutos a pie desde su hogar. Son datos extraídos de Naciones Unidas. http://www.un.org/en/events/waterday/

Pero pensemos ahora, más allá de datos a los que a veces nos cuesta poner rostro e identidad, en una mujer que se despierta muy temprano cada mañana, que deberá recorrer varios kilómetros para disponer de agua para su supervivencia y la de toda su familia, que llega casi al anochecer a su hogar y que deberá encargarse entonces de preparar la única comida de la que podrán disfrutar ella y toda su familia durante ese día. Esto es algo que sucede en países como Tanzania, y que refleja que el derecho humano al agua, a pesar de estar reconocido por Naciones Unidas es aún un reto a conseguir en muchas zonas del planeta. La relación entre el derecho humano al agua y la consecución de otros derechos humanos y el desarrollo humano es evidente.

Volviendo a la realidad de la mujer de Tanzania explicada más arriba, la no consecución de su derecho al agua en condiciones mínimas implica la imposibilidad del desarrollo de otros derechos; por ejemplo, el empleo de la mayor parte del día en la búsqueda de agua limita el acceso a otros recursos básicos como la alimentación, lo que vulnera el derecho humano a la alimentación. La imposibilidad de abastecimiento óptimo de agua y alimentos, tendrá graves consecuencias para el disfrute de una salud óptima, lo que dificulta el cumplimiento del derecho humano a la salud; y por supuesto, si atendemos al reto de la igualdad de género, una mujer que emplea la mayor parte de su tiempo en buscar una fuente de agua, no puede acceder a una educación que en el futuro le permita acceder a un trabajo remunerado fuera del hogar doméstico y a poder vivir de manera independiente económicamente, con lo que se está perpetuando de esta forma el fenómeno conocido como feminización de la pobreza (aproximadamente el 70% de las personas que viven en la pobreza extrema son mujeres). Así, vemos como hay una relación clara entre el no disfrute del derecho humano al agua y otros derechos humanos básicos como la salud, la alimentación o la educación, con el consiguiente impedimento del logro del verdadero desarrollo humano, entendido este como la existencia de oportunidades para las personas en todos los aspectos de su vida.

Para cambiar esta situación hay algunas cosas que deben empezar a considerarse. Primero, el esfuerzo de las instituciones y gobiernos por conseguir que el derecho humano al agua sea una realidad, y no solo una formalidad más recogida en un papel. Para ello, es evidente la necesidad de una defensa de la gestión pública de los recursos hídricos, frente a la creciente privatización del acceso a agua en algunas zonas del planeta; la población civil también debe exigir que así sea. Además, y pensando en la sostenibilidad de nuestro planeta, asignatura pendiente en las actuaciones de muchos gobiernos, de muchas empresas y en la mentalidad de buena parte de la sociedad, especialmente en los países más desarrollados económicamente, está claro que es necesaria mucha mayor igualdad en el acceso y consumo de agua, bastando el ejemplo del consumo medio de agua al día por persona: 150 litros en España/50 litros en Etiopía.

Un consumo racional y una gestión del agua de manera sostenible (desarrollo sostenible equivale a pensar en quienes no disfrutan de ese recurso, para facilitárselo, y en permitir la disponibilidad de ese recurso para las generaciones futuras) serían pasos importantísimos para avanzar en el cumplimiento del derecho al agua ahora y en el futuro. En esa idea de sostenibilidad es capital la adecuada explotación de los recursos agrícolas, sector en el que se emplean la mayor parte de las reservas de agua del planeta, necesitándose potenciar modelos de agricultura más ecológica, destinada al abastecimiento de la población frente a la búsqueda exclusiva del beneficio económico, dentro por supuesto de modelos de comercio justo que beneficien tanto a la población productora, como a la población consumidora y al medio ambiente.

Son temas a tener en cuenta en la conmemoración el 22 de marzo del Día Mundial del Agua, en un año, el 2013, que ha sido declarado año de la cooperación en materia de agua, para recordar la obligación de trabajar en este sentido. Centrándonos en la cooperación desde los países del Norte hacia los países del Sur, el trabajo por lograr el cumplimiento del derecho humano al agua debe ser uno de los ejes principales en el impulso a un adecuado desarrollo en el Sur, un desarrollo que exige políticas públicas y compromiso de los gobiernos (de todos, pero especialmente de aquellos que cuentan con mayores recursos y posibilidades) por mejorar la vida y dotar de oportunidades a millones de seres humanos en todo el planeta.

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