“Queremos cambiar de raíz la situación y pensar que se puede ser otro tipo de hombre”

Arkaitz López Gorritxo integra un grupo de Nuevas Masculinidades en Euskadi desde el que trabajan para dar una vuelta de tuerca al modelo hegemónico de masculinidad con el que no se identifican.

Silvia Arjona Martín/ AECOS

Arkaitz López Gorritxo integra un grupo de Nuevas Masculinidades en Euskadi
Arkaitz López Gorritxo integra un grupo de Nuevas Masculinidades en Euskadi

Imagina un grupo de hombres diversos sentados en círculo. Imagina que ese grupo de hombres diversos sentados en círculo hablan de sus cosas más personales. Imagina que ese grupo de hombres diversos sentados en círculo que hablan de sus cosas más personales sienten cierta presión en su vida personal, familiar y laboral por el mero hecho de ser hombres. Imagina que ese grupo de hombres sentados en círculo que hablan de sus cosas más personales y que sienten cierta presión en su vida personal, familiar y laboral por el mero hecho de ser hombres, se juntan para pensar, reflexionar y cuestionar los porqués de su situación mientras buscan otras maneras de ser y de estar en el mundo.

Ese grupo de hombres no son amigos pero se cuidan como si lo fueran porque entre ellos se sienten iguales, comparten preocupaciones y se cuestionan la forma del “deber ser” que socialmente se les ha adjudicado durante años, pero con la que no se encuentran a gusto.

Así es como surgen las Nuevas Masculinidades, aunque este movimiento no es de ahora, ya que nace de la mano de los feminismos y del movimiento de liberación gay de los años 60 y 70 cuando se cuestiona el modelo de hombre heterosexual. Hoy día se sigue discutiendo el patrón hegemónico porque no a todos los hombres les beneficia ni se sienten felices dentro de él. Buscan una ruptura y, aunque no hay un camino predeterminado ni común entre los distintos grupos de nuevas masculinidades, cada uno interpreta el que desea para poder transformar su realidad y su entorno.

Arkaitz López Gorritxo es miembro del Grupo de Género de la Coordinadora de ONGD de Euskadi y coordinador del Grupo de Hombres Igualitarios de la Cooperación al Desarrollo de Euskadi, y se pregunta “¿dónde estamos los hombres en el trabajo por la igualdad?”, “¿cuál es nuestra apuesta?” y “¿cuál es nuestra renuncia?”

López ha compartido algunas de sus experiencias sobre igualdad y equidad de género en el Norte en dos talleres introductorios al enfoque de Nuevas Masculinidades celebrados la pasada semana en Cáceres y Badajoz, de la mano de la Coordinadora de ONGD de Extremadura (CONGDEX), y con él hablamos para profundizar más de esta otra visión masculina.

– ¿Qué son exactamente las Nuevas Masculinidades?

– Es una revisión del modelo de masculinidad que parte de la premisa de que la teoría de género no sólo demuestra que hay desigualdad entre mujeres y hombres sino que, al igual que a las mujeres se las establece una manera de ser y de estar en el mundo, también les sucede a los hombres.

Los que trabajamos en este enfoque, planteamos que existe un modelo de masculinidad que llamamos hegemónico que pone al hombre como configuración de tres identidades: no podemos ser como las mujeres, por lo tanto no podemos ser emocionales, no tenemos una educación emocional ni expresamos los sentimientos; no podemos ser niños, no podemos jugar, divertirnos, reír….; y no podemos ser gay, tenemos una fobia y negación de no contradecir al mito sexual del macho dominante que te lleva a exteriorizar la ocupación del espacio, a la dominación del discurso.

Lo que las nuevas masculinidades plantean no es que creemos otro modelo de masculinidad, sino que abramos a muchas formas de ser hombre y que todas ellas se respeten para que los hombres podamos llorar y también callarnos y también ser proveedores del hogar o no tener trabajo. Es decir, poder realizar diferentes funciones en la vida que no responden al modelo hegemónico pero que las podamos hacer desde la libertad.

Llegamos al punto de elaboración de esa nueva masculinidad desde una solidaridad feminista, es decir, desde una concepción de desigualdad en base al género. Nosotros no nos preocupamos del privilegio que tenemos en la sociedad por ser hombres pero el análisis parte de ahí para luego cuestionar tus conductas, tus comportamientos, tu persona y la relación de ti mismo con tu entorno, desde un enfoque del igualitarismo.

– ¿Qué incluye la pluralidad de las nuevas masculinidades?

– En realidad partimos de la crítica de la singularidad de la expresión, al igual que en el movimiento feminista, y de la idea de crear otras formas de ser hombre. Pero esto va de que no tienes que ser nada, de que seas tú, de que intentes buscar dentro de ti en qué medida te han construido y qué no quieres de esa construcción. Es un ejercicio que los hombres nunca han hecho, nos hemos basado en la premisa de que somos así porque no hay opción. Pero somos resultado de la cultura, de la educación, de la biología, por supuesto, pero sobre todo del componente grande de libertad que puedes ejercitar contigo mismo.

Hay muchos modelos de masculinidad, tanto como hombres existen. Es romper con el “deber ser” ya que eso es lo que nos hará libres. Es darte cuenta de que hay cosas que sí te gustan pero que forman parte de ese privilegio. Por ejemplo, a mí me gusta hablar mucho, me parece que se me da bien y que comunico bien, pero soy consciente de que eso forma parte de un privilegio de espacio masculino, por lo tanto hago la reflexión de que, aunque me gusta hablar, tengo que medir bien cuánto espacio estoy ocupando porque quizás invado el tiempo de mis compañeras. Por eso me retraigo para hablar menos de lo que hablaría, porque me doy cuenta de que me estoy apoderando del lugar de otra persona.

– ¿Qué relación existe entre nuevas masculinidades y feminismos?

– Cada vez hay más textos sobre nuevas masculinidades, pero en realidad es una teoría muy joven. Los primeros libros a los que acudes están en el feminismo porque las nuevas masculinidades surgen de ahí. Son las mujeres las que se dan cuenta de esto, concretamente las mujeres del siglo XVIII, quienes analizándose a sí mismas y entre ellas mismas se dan cuenta de que los hombres, además de ser un modelo patriarcal y represivo, también son un modelo que hay que cambiar porque no todos los hombres se encuentran a gusto dentro de esas etiquetas. Así, los primeros textos están escritos por mujeres, que son referencias del feminismo.

Por ello, es raro encontrar hombres que estén trabajando nuevas masculinidades que no hayan leído sobre feminismos. En el Grupo de Hombres Igualitarios de la Cooperación al Desarrollo de Euskadi somos personas que trabajamos en ONG, en cooperación y en el tercer sector que nos hemos formado en género, que venimos de un bagaje de formación claramente feminista, por lo que partimos de esa base.

Lo que sería más complejo analizar es cómo se nutren hoy las nuevas masculinidades y los feminismos. A nivel de movimientos sociales no están claras las alianzas en el sentido de operativizar una comunicación, aunque sí hay solidaridad individuales, mujeres feministas que ven claramente las nuevas masculinidades y participan de ellas y hombres feministas que hablan de lo mismo, como es mi caso. Pero hoy esto se está gestando a nivel individual, como movimiento no hay un puente claro entre el feminismo y las nuevas masculinidades.

– ¿Cómo se transmite la teoría a la práctica, cómo se transforman las realidades masculinas para que tenga un efecto multiplicador en la sociedad?

– Mi experiencia va desde el no tener ni idea a ir basándome en la intuición. Al principio, la idea era pensar en no caer en lo que los hombres harían basándonos en la masculinidad hegemónica. Así, por ejemplo, a ti enseguida te sale la idea de salir a la calle y hacer una manifestación o escribir, de repente, un libro sobre este enfoque. Pero cuando llevas cuatro o cinco meses trabajando el tema, eso te parece muy masculino. Entonces, por qué no vamos poco a poco, por qué no trabajamos lo personal y lo íntimo que es lo que nos cuesta pero desde una perspectiva colectiva y no individual.

Esto que es tan micro, a mí me parece profundamente revolucionario porque, aunque en principio no tiene un impacto mayor en otros grupos, en realidad tú te estás cambiando. Y si yo me cambio por dentro cambia todo en mi vida. Y la capacidad multiplicadora de cambio que tiene el que cada uno de los hombres del grupo se lleva a su vida personal, hace que cambien las relaciones con tu pareja, amigos y amigas, trabajo, familia…

Todo esto se trabaja al revés de lo que hacen habitualmente los hombres que parten de lo político y desde ahí van bajando. Nosotros partimos de lo personal, dentro de lo colectivo del grupo, y desde ahí vamos cambiando la realidad de fuera, sin dejar de lado el pensamiento de Kate Millet de que “lo personal es político”. Puede que nos lleve 100 años, pero así es más fácil no perder el norte ya que lo que queremos es cambiar de raíz la situación, con la tranquilidad de pensar que se puede ser otro tipo de hombre.

Las Nuevas Masculinidades se oponen el patrón hegemónico de lo que es un hombre
Las Nuevas Masculinidades se oponen el patrón hegemónico de lo que es un hombre

– ¿Cuáles son las mayores dificultades a las que se enfrentan las nuevas masculinidades?

– Yo creo que el privilegio es la mayor dificultad. Es relativamente fácil deconstruir lo que te hace daño, cambiar lo que antes hacías porque te sentías hombre y ahora no las vas a hacer y no las quieres, pero es mucho más complicado cambiar aquellas cosas que te gustan aunque sabes que son parte del privilegio masculino.

Algunos hombres se cuestionan su posición de privilegio para determinadas cosas, como por ejemplo, ascender a un puesto de trabajo cuando tus compañeras son todas mujeres que están en edad fértil. Pero también se plantean la dificultad para rechazar esa posición y ascenso laboral, en este caso. Cambiar eso es lo realmente jodido.

– ¿Qué importancia tienen los cuidados dentro de las nuevas masculinidades?

– El tema del cuidado tiene mucha importancia en este grupo en concreto, porque hay muchos compañeros que están siendo padres y tienen muy claro que quieren ser otro modelo de paternidad. En algunas sesiones hay padres que traen a sus hijos o hijas, a pesar de que ello rompe completamente el modelo tradicional de todo, de reunión, de relación entre hombres, de relación con los y las peques… Pero gracias a eso se genera una dinámica que es brutal porque estamos diez tíos jugando con un crío al igual que hablamos de cómo transformar la sociedad.

Otra cosa es el cuidado hacia arriba, que es algo que tenemos que trabajar, como el cuidado a los padres y las madres, a nosotros mismos, a las abuelas y abuelos, a las personas dependientes… En algunos casos, hay hombres que se sienten rechazados entre sus familiares, sobre todo mujeres, cuando se plantean o muestran voluntad para el cuidado de otro familiar, por ejemplo dependiente. Que te incluyan en la cadena de cuidados es por lo que hay que seguir peleando porque es verdad que tu pareja puede ser feminista pero no tu familia.

Luego entre nosotros el cuidado es muy bonito porque nos queremos, nos preocupamos unos de otros, nos volcamos, mostramos interés por el compañero. Esto son dinámicas muy interiorizadas entre mujeres y poco propias entre hombres porque a nosotros no nos han educado para esto, por lo que darlo la vuelta en el grupo es un gran valor.

Y no trabajamos esto para que nos premien, si no para hacernos más felices a nosotros y a nuestro entorno.

– ¿Qué significación se le da a que en estos grupos sólo sean integrados por hombres? ¿Eso también forma parte de la lucha?

– Es curioso pero también universal que todo hombre se desahoga más con una mujer que con un hombre. Nosotros solemos buscar a una chica, a una madre, a una novia, a una hermana o a una amiga precisamente por la serie de roles que todos interiorizamos de las mujeres como más sensibles, como que tenéis más herramientas e identificáis más lo emocional. Así, cuando yo necesito que alguien me cuide emocionalmente, voy a buscar a una mujer.

Creo que el hecho de que nos juntemos sólo hombres nos fuerza a ser cuidadores unos de otros y, por otro lado, tiene la cosa de la identidad, todos hemos vivido el mismo proceso socializador como hombres, unos más, otros menos, pero cada uno tiene su vivencia de hombre. Por lo tanto, son las dos claves: cuidarnos unos a otros y juntar nuestra identidad de hombre para cuestionarla.

Yo puedo sensibilizarme y ponerme en la mirada de mujer y en las cosas que tú como mujer vives, pero yo no las he vivido, puedo empatizar, puedo leer y saber muchísimo, pero no puedo vivir las vivencias que tú has tenido como mujer. Y por la misma razón, una mujer no puede saber lo que vivenciamos los hombres como hombres, entonces, es la búsqueda de ese espacio de intimidad en lo que nos une, porque lo único que nos vincula es que somos hombres.

Por lo tanto, ese grupo se podría trasladar a cualquier contexto y se analizaría de la misma manera, la experiencia se replica aunque las vivencias sean distintas. La legitimidad de reunirse un grupo de personas para hablar de sus experiencias se puede hacer en cualquier lugar del planeta.

– ¿Hacían dónde caminamos, cuál es el horizonte que se otea a lo lejos en pro de la igualdad de género?

– Yo veo muchos cambios a nivel personal y micro-social y un poco de sensibilización macro y cuestionamiento a nivel general. No sé si va a haber un gran cambio social pero sí un cuestionamiento de los modelos de masculinidad. Y con suerte ofertar un modelo diferente al hegemónico, que abra el debate que se puede ser hombre de forma diferente.

Pero todo impide el avance, vamos a contracorriente, todo va en contra. El sistema está permanentemente ofreciendo un modelo e impidiendo la lucha. Lo que pretendemos es ponernos en alguna esquina para avisar a quienes nos escuchen y gritarles “¡eh, eh, eh!, puedes no ser esto, puedes ser más libre, puedes ser mejor y tener reacciones equitativas con tu entorno”. Pero a cuánta gente llega eso. No lo sé. Lo único que está claro es que partimos de la ventaja de que somos hombres y tenemos el poder y los privilegios de nuestro lado, y eso es muy poderoso. Tenemos mucho más poder que lo que ha tenido el feminismo en toda su historia porque somos hombres, estamos en el lado privilegiado y esa ventaja la podemos conjugar para conseguir cambios más potentes.

Pero también nos las pueden jugar a nosotros, porque hay que tener cuidado con lo que se pretende, hay que tener cuidado con el poder. Yo no apuesto por presentarme a presidente de Gobierno para poder cambiar la sociedad hacia un modelo más igualitario, no. Prefiero cambiarlo despacio y desde dentro, creo que es más sano.

– Y,  ¿qué te ha aportado a ti el enfoque de nuevas masculinidades?

– Muchísimo. Muchas respuestas vitales, entender muchas cosas, ser más feliz, ser un poco más igualitario, sentirme más conmigo mismo y mejor, y sobre todo, encontrarme a un mí mismo más auténtico.

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