El caminar colectivo no quiere parar el rumbo

Después de recorrer a pie más de 360 kilómetros, la Columna Extremeña de las Marchas de la Dignidad llega a Madrid para quedarse junto con el resto de columnas que reivindican “pan, trabajo y techo”. AECOS ha estado en una parte de ese recorrido apoyando la causa y empapándose de las demandas, de la lucha y de la solidaridad de un mismo pueblo.

Silvia Arjona/ AECOS 

La columna extremeña se coloca a su llegada al Paseo de Recoletos, en Madrid, el 22M./ SAM.
La Columna Extremeña se coloca a su llegada al Paseo del Prado, en Madrid, el 22M./ SAM.

“Yo tenía que estar echando la partida con mis compañeros y estoy aquí, apoyando la causa”. Lo dice Claudio, un jubilado afincado en Leganés desde hace 45 años afectado por las preferentes de Bankia, que se ha sumado a la Columna Extremeña a su paso por el suroeste de Madrid. Habla con una mirada enérgica que muestra por encima de unas gafas que le ayudan a solventar su miopía. Lleva un cencerro que agita para que se oiga bien y con él ha entrado en una de las sucursales de Bankia, en Leganés, justo cuando la Columna Extremeña atravesaba la ciudad mientras marchaba hasta Carabanchel. Asegura que su director es también extremeño y que debería salir a apoyar a los y las paisanas que llevan ya más de 300 kilómetros a sus pies desde que salieron el pasado día 10 de Mérida (Badajoz). “Pero se ha dado la vuelta, como todos, porque son todos unos golfos y unos ladrones. Lo mismo Rajoy, que Cospedal, que Blesa, que Rato… Todos igual, hay que echarlos de España”, exclama con clara indignación.

Claudio ha perdido 12.000 euros -y como él se encuentran unas 13.000 personas de Leganés-, lo que le ha afectado más en lo psicológico que en lo económico. Quizás por ello se mantiene firme cuando avisa que va a luchar hasta el final porque “si no nos unimos para acabar con el sistema, el sistema podrá con nosotros”.

También lo cree así Gregorio Herreros, que camina a paso rápido para seguir el compás de la marcha. Se ha unido desde Talavera de la Reina (Toledo) hace unos días a pesar del agotador ritmo que esta columna arrastra, aunque asegura que es más duro lo que la sociedad lleva aguantando. Está jubilado y ésta no es su primera marcha de ciudadanía indignada, también estuvo en las programadas por el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) en 2012, acompañando al movimiento jornalero. Vive en Losar de la Vera (Cáceres) y tiene un huerto que procura no descuidar, salvo por causas como ésta y por el activismo que realiza en las redes sociales, que manifiesta atraerlas bastante aunque aún se muestra confuso y con menos práctica en Twitter. Pero desde su perfil de Facebook mantiene informada a toda su comunidad y explica que seguirá peleando y mostrando su apoyo a los detenidos el pasado sábado al terminar la concentración de las Marchas de la Dignidad en la Plaza de Colón. El resfriado que ha cogido estos días por dormir en pabellones deportivos y centros sociales ofrecidos en las localidades por donde pasaban, no es impedimento para ir de la Plaza del Sol a la de Castilla, ni para rodear la Bolsa de Madrid o los ministerios, tal como se tiene previsto que se haga estos días y si las fuerzas del orden lo permiten.

Levantamiento popular

“¡Y luego dicen que los parados no se mueven, sí se mueven!”, exclama Petri Parejo, integrante de la Columna Extremeña a su llegada a Carabanchel. Tiene 55 años y está desempleada “como la mayoría de los que estamos aquí”. Forma parte también del Campamento Dignidad de Extremadura, por lo que eso de dormir en tiendas de campaña y reivindicar su precaria situación en plena calle no es algo que le asuste.

Patri Parejo, integrante de la Columna Extremeña de las Marchas de la Dignidad, en un momento de la marcha hacia Madrid./ Sil
Petri Parejo en un instante de la marcha hacia Madrid./ SAM.

“Esta marcha lleva unas reivindicaciones que son el trabajo, la renta básica, no a la deuda que no nos corresponde, no a los desahucios, y no más gente que se queda en la calle y que le falta para comer”, enumera Parejo para no quedarse ninguna de las demandas en el olvido. No sabe ya cuántos kilómetros llevan sus pies desde que salió de Mérida pero asegura no importarle porque para ella lo más significativo es el levantamiento popular y el movimiento desde todos los rincones del Estado “para acabar con las situaciones de sufrimiento que estamos viviendo”.

Una de éstas podría ser la de Mª Carmen Arnedo, una madrileña muy activa cuya lucha, su lucha, es Stop Desahucios. Emocionada cuenta cómo ha sido afectada por la hipoteca: “por 110.000 euros que pidió mi hijo me han quitado dos casas, la mía me la han subastado en Alcorcón por 58.000 euros, y la de mi hijo la tiene el banco. Además me quedo con deuda”. Por ello, lleva dos años y medio luchando y el resultado es que ha conseguido que las cláusulas abusivas de su hipoteca le sean devueltas, ya que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE) abrió en su día la posibilidad de que los jueces examinaran dichas cláusulas.

“¡Lo he ganado!”, exclama con una gran sonrisa y orgullosa de que su lucha está mereciendo la pena no sólo para ella, sino también para que sus nietas puedan tener un futuro mejor. Es por ello que se suma a todas las causas que puede, desde el 15M, a rodear el Congreso, a encerrarse en el hospital público de Alcorcón…, y con todas disfruta de esta  “segunda vida” a sus 63 primaveras, dice.

Y es que son ya “seis años de pérdida de derechos y seis años de mala vida, seis años de desigualdad, seis años para aquellos que no pueden pagarse unas medicinas…”. Así habla Daniel Hierro, de Almendralejo (Badajoz), con micrófono en mano a su llegada al barrio madrileño de Carabanchel, alzando la voz ante “la necesidad de parar con ello ya”, a pesar de que su garganta se muestra cansada y muy afónica.

Daniel Hierro, miembro de la Columna Extremeña, ofreciendo unas palabras a la llegada a Carabanchel./ SAM.
Daniel Hierro, miembro de la Columna Extremeña, ofreciendo unas palabras a la llegada a Carabanchel./ SAM.

“Esto no es el final de la marcha sino que la lucha continúa, es la revolución que va a salir si ese Gobierno no da un giro de 180º, y no tenemos ninguna confianza en ello”, expresa para todas las personas allí presentes, algunas de ellas recién bajadas de sus casas tras avistar la columna llena de banderas extremeñas y bañada en cánticos de protesta.

Y es que eso mismo son las Marchas de la Dignidad: unidad y necesidad de crear pueblo bajo “cuatro reivindicaciones básicas para todos y todas”. Lo decía Rafael González, miembro también de esta columna suroeste y uno de los jóvenes más activos de Mérida. “No vamos a pagar la deuda porque es ilegal, ilegítima y odiosa. Es una deuda que han contraído los banqueros y que el Gobierno español está dispuesto a pagar cuando no tenemos nada que ver la ciudadanía de a pie. Queremos derecho a la vivienda porque ya está bien de que se esté echando a gente cuando hay un millón de viviendas vacías. Queremos empleo digno con derechos o renta básica, que no puede ser que la gente esté pidiendo cada día, que la puerta de los supermercados siempre haya personas pidiendo, que se siga pasando hambre. Y por último, pedimos servicios públicos para todas las personas y de calidad”.

En definitiva, se exige “pan, trabajo y techo” pero de una forma abrumadora si vemos el conjunto de columnas salidas desde todos los rincones del Estado español cuyo destino era encontrarse en el centro de Madrid el pasado sábado 22M. Y así fue cómo las calles se llenaron de mareas, batallas, conflictos, luchas, huelgas y reivindicaciones. Por un momento se unificaron con fuerza con el objetivo de virar el trayecto de las cosas, e incluso, decía González para AECOS, de “derrocar a este gobierno porque es ilegítimo”.

Y, aunque los cuerpos antidisturbios generen disturbios, aunque las y los representantes del pueblo no defiendan los problemas del pueblo, ni los medios de comunicación velen por el derecho a informar de manera justa y veraz, el caminar colectivo pretende seguir su rumbo, ya no quiere parar, demostrando unido y al unísono que… ¡Sí, se puede!

Momento de la llegada de las mareas a la Plaza de Colón, Madrid./ CMG.
Momento de la llegada de las mareas a la Plaza de Colón, Madrid./ CMG.
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