Derechos Humanos, Solidaridad y Memoria Histórica

(Badajoz, 8 de Septiembre de 2015) Una persona expatriada es aquella que vive fuera de su patria. La conmemoración del día del cooperante el 8 de septiembre nos recuerda que la labor del cooperante, persona expatriada que trabaja en contextos de considerable pobreza, sigue siendo necesaria para la tarea de trabajar en zonas olvidadas a las que de lo contrario no llegaría ninguna ayuda, además de conocer gracias a este trabajo qué es lo que está sucediendo en algunas zonas del mundo. Un cooperante ha elegido libremente dedicarse a ese trabajo y a vivir fuera de su lugar de origen, pero esa posibilidad de elección no está en la mayoría de las personas expatriadas del mundo. La mayoría de las personas en el mundo que viven fuera de su lugar de origen se han visto obligadas a hacerlo por guerras, hambre, falta de libertad política, falta de oportunidades laborales…en muchos casos por todas esas causas a la vez. Según ACNUR, durante 2014 cada día 30.000 personas abandonaron sus hogares buscando refugio.

Centrándonos en la situación actual del pueblo sirio, se puede desenmascarar la hipocresía de los gobiernos europeos y la manipulación e instrumentalización a su antojo de tres conceptos fundamentales: el de Derechos Humanos, el de Solidaridad y el de Memoria Histórica.

Los Derechos Humanos aparecen continuamente en declaraciones de dirigentes políticos, pero insertos en un discurso vacío, oportunista y que se desvanece ante la realidad. Esa realidad es que hay Derechos Humanos que están siendo ignorados una vez más en lo referente a la población refugiada: Ni el Derecho Humano 6 Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica, ni el Derecho Humano 13.1Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de cada Estado y 13.2 Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país, ni en absoluto el Derecho Humano 14 Toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país, en caso de persecución, están siendo aplicados en pro de la dignidad y bienestar de las personas refugiadas.

Sirios kurdos cruzando la frontera con Turquía. Foto: I.Prickett. UNHCR

Respecto al concepto de Solidaridad, avergüenza el hecho de apelar en los discursos a una solidaridad que dista mucho de ser una realidad. Ejemplo claro es el de las reiteradas reuniones entre los “líderes” de la UE para decidir cómo repartirse a la población refugiada que llega a Europa. Se puede contrastar esto con lo que sucedió hace 16 años en los Balcanes. En 1999 la población civil de pequeñas localidades albanesas como Kukes y también otras poblaciones rurales de Macedonia, siendo Macedonia y Albania dos de los países de Europa de menor desarrollo humano, acogieron y prestaron auxilio a la población que huía de la guerra en Kosovo*. Más de cien mil personas refugiadas fueron acogidas en Albania y en Macedonia por parte de población que ya de por sí vivía en condiciones muy precarias. Comparado esto con el hecho de que los gobiernos de la UE discuten ahora mismo el reparto de unos 120.000 refugiados entre países que cuentan con el nivel de bienestar más alto del planeta sin llegar a un acuerdo, se demuestra que la “solidaridad”de nuestros gobiernos parece algo con lo que se juega según reglas e intereses geopolíticos que nada tienen que ver con los derechos y dignidad de las personas, algo que sí tuvieron en cuenta albaneses y macedonios para atender a los kosovares en 1999.

Acudir a ejemplos del pasado ayuda a entender que la Memoria Histórica puede ser un buen argumento para actuar en las crisis humanitarias. A este respecto se puede apelar a que es de justicia histórica que Europa ahora actúe protegiendo y auxiliando a población de otros continentes cuyos problemas subyacen todavía en un pasado totalmente condicionado por proyectos coloniales europeos. Además, en el  caso del pasado español, acuden a la memoria ahora las imágenes de la población exiliada española durante la guerra civil, siendo importante recordar que en aquel momento muchos países europeos no trataron con demasiado honor a los refugiados españoles, pero recordando también a México, que hizo mucho más por los refugiados españoles que algunas democracias europeas. Por último, y dentro de la realidad extremeña, debería brotar un sentimiento de empatía hacia la población refugiada desde una región que siempre ha contado con una emigración forzosa y que sabe de las dificultades de comenzar una nueva vida en otro lugar.

Una vez más será la ciudadanía la que deba responder de manera más solidaria que la de sus gobernantes, algo que se agradece y mucho, pero habrá que reflexionar acerca de por qué solo se reacciona en situaciones extremas sin analizar nunca ni exigir responsabilidades sobre qué es lo que provoca la crisis de los refugiados y  otras crisis humanitarias.

*http://www.fao.org/noticias/1999/990502-s.htm

Enrique González Calderón, un ciudadano cualquiera.

Miembro de AECOS y Colaborador de la Coordinadora Extremeña de ONGD

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