Naschla Aburman: “Los movimientos sociales son cada vez más sociales y menos gremiales”

José Manuel Rodríguez Pizarro / Badajoz.

Nada más conocerla uno se da cuenta de que esta joven chilena posee una profunda y determinante actitud crítica, un valor que se cotiza al alza en estos tiempos en los que es tan común encontrarse con personas aborregadas y homogeneizadas. Ella es Naschla Aburman, lideresa estudiantil chilena y estudiante de Arquitectura y Pedagogía en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Desde su etapa escolar ya destacó por su firme activismo y su lucha por los derechos de los estudiantes, en el llamado “movimiento pingüino”, formado por alumnado de secundaria que reclamaba al Estado, entre otros aspectos, una mejora de la calidad de la educación y el fin de la tradicional brecha entre los colegios de zonas más pobres, frente a los que poseen más recursos.

Con un discurso muy bien forjado, Naschla Aburman cree en la necesidad de que la ciudadanía se empodere y salga a la calle a exigir sus derechos. “El conformismo no nos hace avanzar” es una de sus consignas personales. Durante su etapa universitaria, impulsó importantes procesos de participación colectiva y llegó a ser presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Chile (FEUC) por el movimiento Nueva Acción Universitaria (NAU). Desde ese espacio, y con el ánimo de promover el fortalecimiento de la educación pública en su país, creó la campaña ‘Quiero Educación Pública’, en colaboración con la UNESCO, UNICEF y Educación 2020. Es portavoz de la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH), donde ha desarrollado un importante rol de liderazgo dentro del movimiento estudiantil chileno.

Naschla Aburman participó el pasado 11 de marzo de 2016, en Badajoz, como ponente, en uno de los bloques de la Jornada Internacional ‘El estado de la democracia en América Latina y la presencia de Extremadura’, denominado ‘La democracia en movilización’, junto a la guatemalteca Otilia Lux de Cotti, directora ejecutiva del Foro Internacional de Mujeres Indígenas; y la también chilena Laura Albornoz Pollman, directora de la Corporación Nacional del Cobre de Chile, y exministra de Estado del Servicio Nacional de la Mujer, durante el primer gobierno de la presidenta Bachelet.

AECOS asistió a esta interesante jornada internacional (Badajoz, 10 y 11 de marzo de 2016) que trató de ofrecer escenarios para el futuro de la democracia en América Latina 2015-2030 y que fue organizada por la Fundación Centro de Estudios Presidente Rodríguez Ibarra (FUNDCERI), conjuntamente con Alerta Democrática y el Centro para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible (CEPAD/Bolivia).

 

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Naschla Aburman, durante su intervención en la Jornada./ E.M.V.

 

En primer lugar, ¿cómo fueron tus comienzos en el movimiento estudiantil de tu país? ¿A qué edad comenzaste y cómo fue el desarrollo de tu liderazgo?

Cuando tenía diecisiete años y estaba en el colegio, comenzó el “movimiento pingüino”, que se inició por la reivindicación de la gratuidad en el transporte público para los escolares. Después accedí a una universidad muy cara, como todas en Chile, y tuve que pedir muchas becas y créditos. Y creo que entré en el movimiento estudiantil desde mi experiencia, a diferencia de otros dirigentes que se han iniciado por un mero interés político. Mi interés vino porque era parte de esas carencias y eso me ha dado una bandera: la de la convicción y la pasión por buscar soluciones –no obviamente para mí– sino para los que vienen, para mis hijos…

Por tanto, surge de una convicción profunda por haber vivido las carencias que todavía existen en Chile y que tienen que ver no sólo con el endeudamiento sino con la precariedad de muchas universidades, con no tener ayuda estatal de ningún tipo para no endeudarte. A mí me tocó acompañar a estudiantes que le embargaban su casa, la de sus padres, por un crédito universitario. Es un tema que me movió desde el principio por la experiencia y una vez ya dentro por la rabia y la convicción de que hay que cambiarlo, no para mí ni para el de al lado sino para los que vienen. Trabajar para los que vienen es una bandera que te permite levantarte todos los días y no conformarte con los cambios que se van presentando.

A nivel concreto, ¿a qué edad comenzaste y con qué tipo de acciones?

Por entonces tenía diecisiete años y estudiaba en un colegio de Linares, una ciudad al sur del país. Desde ahí seguíamos lo que estaba ocurriendo en la capital, en Santiago, y lo primero que organizamos fue una asamblea en el gimnasio del colegio, un grupo de personas, entre ellas un par de profesores que nos apoyaron. Hicimos una marcha simbólica por la ciudad, un par de manzanas, y al día siguiente nos enteramos de que en todo Chile habían hecho lo mismo. Ahí empezó todo, no paró y llega hasta ahora. Y no parará porque las necesidades son muchas y necesitamos cambiar y transformar muchas cosas de nuestra sociedad. Estamos convencidos y convencidas de que puede ser diferente, de que tiene que serlo y sobre todo de que tenemos que ser parte de todo esto.

¿Qué resultados se han obtenido de toda esta movilización?

Hemos logrado la ganada del movimiento estudiantil y, más en concreto, el proyecto de ley que democratiza las universidades. Además de eso tenemos titulares que van en la línea de lo que el movimiento social ha pedido, que es lo que acogió el programa de Michelle Bachelet, pero lamentablemente el proceso que estamos viviendo de construcción de esos titulares, la letra chica, la están decidiendo otros partidos políticos de la coalición. Y es por eso que, en un momento en el que estamos, que es de construcción de esos cambios, es tan necesario el movimiento social. Ahora más que nunca porque es en la letra chica donde se decide si maquillamos un sistema neoliberal, mercantilizado, o cambiamos esto de raíz y generamos nuevos pilares para una nueva sociedad. Y es por eso que es importante movilizarse pues la causa está lejos de haberse cumplido.

 

Entrevista
Naschla Aburman, en un momento de la entrevista./ E.M.V.

Aparte del movimiento estudiantil, se ha hablado del resurgimiento de otros tipos de movimientos sociales, como el animalista, el feminista… ¿Cuál es la situación de algunos de ellos?

Hay una generación de jóvenes en Chile que se dio cuenta de todo esto, que despertó a raíz del movimiento estudiantil. Porque no sólo tomamos conciencia de nuestros derechos sino también del lugar en el que estamos insertos, en el que hay animales, hay montañas, árboles… Hay mujeres, hay hombres, indígenas, lesbianas, gays… y todos somos ciudadanos de la misma categoría o debiese ser así. En ese sentido en Chile, por ejemplo, los movimientos de la diversidad sexual han logrado grandes avances y han empujado con mucho esfuerzo el acuerdo de unión civil. Buscando el matrimonio igualitario lograron el acuerdo de unión civil, que es un símil legal que les permite a las parejas unirse independientemente del sexo de sus integrantes. Además, un caso emblemático tuvo lugar a raíz del trágico ataque homófobo a Daniel Zamudio, un joven activista gay, y que dio lugar a la ley que lleva su nombre, a una ley antidiscriminación. Esto dio pie a comenzar a condenar públicamente la discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género. Por tanto, hemos avanzado mucho no sólo en la agenda que han establecido los movimientos sociales sino en cambios concretos. Es importante tener presente esas ganadas para seguir avanzando y creer que es posible. Lo que ha ocurrido en Chile es que esos pequeños cambios concretos hacen creer que sí se puede hacer. ¿Es difícil? Muy difícil pero estoy segura de que sí se puede.

La lucha que más ha costado no ha sido la de la educación, ni la medioambiental, ni la animalista, ni la de diversidad sexual, es, sin duda, la de la mujer, la feminista. Tristemente todavía seguimos en Chile no sólo legislando en contra de la mujer sino que no se dan espacios, ni siquiera para su emancipación, y tampoco en su respeto en la vida. En lo que va de año llevamos ya más de cincuenta feminicidios y en los últimos siete días, siete mujeres han sido asesinadas. Los medios de comunicación poco hacen por visibilizarlo de manera correcta. Los legisladores tampoco creen que sea necesario abordar esta problemática; no tenemos ley de aborto, ni ley de cuotas… Falta mucho y resulta un poco contradictorio que en una lucha tan antigua (el feminismo) sea precisamente en la que más estamos estancados. Y creo que tiene que ver con que nuestro sistema político, las personas que están hoy en política siguen siendo conservadoras y herederas de una dictadura que no protegieron pero que se tuvieron que conformar con una democracia básica en la que se vota y fin, ahí acaba todo. Tenemos una constitución que es ilegítima, creada durante la dictadura, que tampoco se quiere cambiar. Es por eso que es tan relevante que las nuevas generaciones –que no tenemos ese chic sino el de “sí es posible, sí es posible organizarse”– estemos más atentos que nunca, trabajando, reorganizándonos, acogiéndonos a las nuevas tecnologías, a la cultura, a los avances, a la educación, a la autoeducación, a la coeducación… Es algo que hemos ido descubriendo solos pero a la vez juntos, y ése es uno de los mayores aprendizajes.

Podría parecer, de manera errónea, que porque en Chile hay una mujer en la presidencia, en su segundo mandato se ha logrado mucho en materia de igualdad de derechos y oportunidades entre sexos.

No es así. Ni siquiera hay paridad en el gabinete y todavía hay presidentes de partidos políticos que dicen “pero si la mujer ya vota, pero si ya tienen una presidenta, pero si ya tienen una senadora…”. Es la falsa idea de igualdad. Falta muchísimo en un tema que, en mi opinión, es estructural. En ningún caso esta lucha se ha acabado. Los movimientos sociales son cada vez más sociales y menos gremiales; eso hace que sea un país entero el que se mueve por causas que considera justas y que piensa que van a transformar nuestra democracia.

¿Cuál es el balance de esas personas que lideraron el movimiento estudiantil? Algunas de ellas han acabado en el parlamento, en política; otras no…

Lo que pasó en 2011 generó un impacto a nivel mundial. Los ojos se pusieron en Chile y eso permitió que las reformas se propusieran pero son distintos caminos, todos ellos válidos. Me parece que las decisiones que tomen los exdirigentes estudiantiles son personales y lo que yo he visto, de todos, es que, independientemente de donde estén (partidos de izquierda, de centro izquierda, de nuevo cuño…), siguen comprometidos con una causa.

Hemos visto que en la actualidad cuatro exdirigentes que están en el Congreso en distintos partidos, han sido quienes han empujado cambios, no sólo en educación, sino en distintos temas. No son, por tanto, representantes del movimiento estudiantil en el parlamento, no son un puente pero sí tienen un compromiso con las transformaciones sociales que Chile necesita. Y se puede hacer en un partido político, en una ONG, en un medio de comunicación… Todo ello es perfecto porque, para mí, la crisis de la participación de los jóvenes no se resuelve solo con su entrada en los partidos políticos. Ya está ocurriendo, ya están participando esos jóvenes; sólo que como sociedad nos cuesta darnos cuenta de que, por ejemplo, se está generando un movimiento de yoga libre en el parque (y con mucha gente), en otro lugar es de grafitis… Por tanto, cuanta más diversidad de organización y de participación, mucho mejor.

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