Una treintena de personas se reúne en el Ateneo de Badajoz para reivindicar la libertad de prensa y derechos para las personas refugiadas

José Manuel Rodríguez Pizarro / Badajoz

El Ateneo de Badajoz fue el escenario elegido por la Asociación Extremeña de Comunicación Social (AECOS) para celebrar el acto “Refugiad@s en las noticias”, con motivo del Día Mundial de la Libertad de Prensa, 3 de mayo, y al que asistieron una treintena de personas. Durante su transcurso se analizó la situación actual de las personas expulsadas de sus países de origen, como Siria o Irak, que intentan cruzar fronteras en Europa y la crisis humanitaria que está provocando así como el papel que, en todo este contexto, están jugando los medios de comunicación y los periodistas freelance.

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Tras la proyección de un pequeño vídeo de presentación de Silvia Arjona, presidenta de AECOS, que vive actualmente en Colombia, tuvo lugar la intervención de Remedios Tierno, representante de Amnistía Internacional en Extremadura, quien exigió “un mundo en el que todas las personas disfruten de los derechos recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

Tierno expuso la situación de la libertad de prensa en el mundo y el hostigamiento al que son sometidos los/as periodistas, con casos concretos de informadores/as que han visto cercenado este derecho, a partir del Informe Anual 2014/2015 de Amnistía Internacional sobre Libertad de Prensa y algunos datos de Reporteros sin Fronteras. Entre los países donde se vulnera flagrantemente este derecho fundamental están Marruecos, Irán o Tailandia aunque, en concreto, se incidió en Estados como Egipto, Turquía, México, Rusia y Siria, cuya guerra civil hace que uno de los objetivos tanto de las fuerzas gubernamentales como de la oposición y de grupos terroristas sean los/as informadores/as. Remedios Tierno añadió que las interpretaciones de las leyes contra la libertad de expresión no son patrimonio de ningún país, en referencia también a la falta de respeto a este derecho de aplicarse la denominada “ley mordaza” en España.

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Félix Méndez, fotoperiodista freelance de Badajoz que acompañó a Mai Saki en su viaje al campo de refugiados de Idomeni, en la frontera entre Grecia y Macedonia, expuso sus impresiones y sensaciones tras haber visto el sufrimiento en el rostro de esas personas, además de mostrar algunos de sus trabajos fotográficos realizados allí. “Tardé en coger la cámara”, afirmó Méndez quien explica además que cuando te ves en esa situación “lo que tienes que hacer es estar con la gente y si se puede hacer una foto, se hace y si no, no”.

“Cuando te vas, sientes como que los abandonas”, expresó Félix Méndez que se mostró muy crítico con “esa Europa insolidaria que estamos construyendo, con esa Unión Europa de la que me avergüenzo”. Félix relató cómo “cuando estás allí, con tu cámara al hombro, tomando fotografías de esa tragedia, la gente nos preguntaba si iban a abrir las fronteras”. “Esa gente ha dejado sus vidas, sus trabajos y lo único que les preocupa es que sus hijos sobrevivan. Es realmente muy frustrante”, concluyó Félix Méndez.

Mai Saki fue muy crítica con todo lo que está ocurriendo en esta crisis e hizo un llamamiento a la desobediencia civil para parar esto, a “despertar de nuestro confort”, y a “no ser cómplices de este genocidio”. La primera vez que pisó un campo de refugiados, en la frontera entre Serbia y Croacia, todo lo que vio fue desolador, “estuve cuatro días llorando pero me dije que si yo sumaba más tristeza mi labor no serviría de nada, así que decidí ayudar”.

Mai insistió en una denuncia, en cómo, por parte de ciertos reporteros, se hacen fotos obscenas y sensacionalistas y “aquello se convierte en un circo para ganar premios”. “Hay que tener una gran visión y un corazón que te mueva, no sólo técnica fotográfica”. “Hay que poner el corazón por encima de la técnica”, sentenció Mai Saki.

Emocionada, Mai narró cómo fue perseguida por la mafia y las dificultades que entraña cruzar pasos fronterizos y, mucho más, acceder a campamentos pertrechada de una cámara. “El día a día en el campo de refugiados es durísimo”, expuso, donde “la comida escasea y la gente muere sola, en el agua…”.

En la isla de Lesbos, Mai pudo presenciar cómo existen, a su vez, otros campos en los que se encuentran las personas más débiles, los excluidos de los excluidos, como es el caso de mujeres, homosexuales y niñas y niños, en total soledad. El caso de los menores que vagan solos es una triste constante y provoca que las mafias capten a menores que serán objeto de explotación laboral o sexual o incluso que se conviertan en mercancía en el tráfico ilegal de órganos, en países de los Balcanes, por ejemplo. No todo fue tan desolador y Mai mostró su agradecimiento a las personas voluntarias que se juegan la vida para poner freno a esta barbarie y animó a quienes lo deseen a actuar, a movilizarse, ya sea allí o aquí.

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Jesús Conde es periodista y socio fundador de AECOS. En estos momentos desempeña labores informativas en eldiario.es en Extremadura pero su inquietud por hacer algo ante esta tragedia humanitaria le hizo marchar, como voluntario, al campo de refugiados de Calais (Francia), conocido como “La jungla”, en dos ocasiones. Allí, y en contra de lo que dicen algunos medios, no sólo hay sirios, hay personas de otras muchas nacionalidades: egipcios, kurdos, iraquíes y africanos que huyen de sus territorios por miedo a la guerra, a la represión y a grupos terroristas como el Daesh.

En Calais hay cientos de personas malviviendo en una situación muy precaria que buscan desesperadamente cruzar el Canal de la Mancha y entrar en el Reino Unido. Muchos tienen familiares allí y es mucho más fácil conseguir así asilo. La vida allí es muy dura: nieva, hace frío, hay mucha humedad en esas chabolas y tiendas de campaña, rodeadas de lodazales, y sin acceso a agua potable o a asistencia sanitaria.

“Se viven situaciones muy dramáticas, cuando ves a personas que intentan desesperadamente acceder al Reino Unido en los camiones que cruzan a diario el túnel, en un estado constante de espera”, contó Jesús Conde, que denunció cómo esta realidad, la de decenas de personas que se juegan la vida en esos camiones, no se está contando. De hecho, en los alrededores de Calais hay cementerios con tumbas donde sólo se ven números, de estas personas fallecidas, sin que desde los Ayuntamientos se ofrezcan datos sobre el número aproximado de enterrados.

Francia, en estado de sitio tras los atentados de París, actúa de manera arbitraria, según Jesús Conde, y estas personas refugiadas pueden ser capturadas, retenidas, deportadas a centros de internamiento o agredidas. El caso de los menores es especialmente doloroso, al ver a muchos de ellos solos, que deambulan por allí, en busca de la oportunidad de acceder al Reino Unido. Son muchos, por desgracia, los casos de niñas y niños que han desaparecido, que han caído en manos de mafias.

Otro de los eslabones más débiles en este drama son las mujeres, invisibles allí. Pese al tránsito constante de gente, se ve a muy pocas mujeres, que viven recluidas en tiendas de campaña y que tienen que simular que sus maridos son otros hombres para que no sean violadas. “Sufren una tercera o cuarta discriminación”, declaró Jesús Conde, “y no tienen acceso a una planificación familiar ni pueden asearse de manera digna al tener la regla. Todo esto no se muestra en los medios de comunicación”.

Un peligro añadido es el de los grupos de extrema derecha, organizados y violentos, que atacan no sólo a personas refugiadas sino también a voluntarios y voluntarias, por ejemplo, pinchándole las ruedas a los vehículos con matrículas extranjeras que ven aparcados en la puerta de los albergues. Pero ese racismo y esa xenofobia están también institucionalizados, por ejemplo, según describió Jesús, en el mensaje de año nuevo de la alcaldesa de Calais.

Uno de los errores que cometen algunos voluntarios en los campos de refugiados, según Jesús, es volcarse en el asistencialismo, una visión muy paternalista, obviando algo muy importante, como es la necesidad de acompañamiento, de escucha de estas personas. “Hubo un caso que me llamó la atención, el de un menor que sólo quería que le hablara hasta que llegara el momento de colarse en uno de los camiones que cruza el Canal de la Mancha hasta Reino Unido”.

Para concluir, Jesús Conde puso en valor el trabajo de fotoperiodistas independientes y de reporteros freelance que se van allí y se juegan la vida para mostrar lo que ocurre, así como la labor de voluntarios que no quieren quedarse quietos ante esta tragedia y actúan, se movilizan.

Otro momento emotivo del final de su intervención fue cuando Jesús Conde proyectó un pequeño vídeo, grabado con la cámara de un teléfono móvil, que realizó su compañera Virginia Domínguez, de la Plataforma de Refugiados de Extremadura, y que se viralizó en la red. En él se exponen las imágenes y los sonidos de un campo de refugiados, en Calais, con el testimonio sonoro de las impresiones y las sensaciones de Virginia, “mostrando así mucho corazón y sentimiento, algo alejado de un periodismo de sólo datos al que estamos tan acostumbrados”.

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Tras las intervenciones hubo un intenso debate durante casi otra hora donde muchas de las personas asistentes expresaron sus inquietudes e interpelaron a quienes formaban parte de la mesa para que contaran otros detalles de sus experiencias. Además, se compartieron formas de actuar, desde nuestros entornos más cercanos, para presionar y exigir el cumplimiento de leyes y tratados internacionales en el respeto a los derechos humanos de las personas refugiadas y para que una información real llegue a nuestras casas.

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