Ángel Sastre: “Mi deber es denunciar un tema de desigualdad e injusticia social”

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Ángel Sastre realiza un “falso directo” desde la sabana colombiana del Yarí para los medios españoles./ SAM.

El periodista extremeño y corresponsal en América Latina habla con AECOS seis meses después de su secuestro en Siria y días antes de visitar Plasencia (Cáceres) para recibir el galardón “Extremeños de HOY 2016” que el diario HOY le otorga por su trayectoria en el periodismo social y en zonas de conflicto.

Silvia Arjona Martín / AECOS 

Se siente orgulloso de ser extremeño. Concretamente de la provincia pacense, donde todavía reside su abuela, a quien visita siempre que cruza el charco. Lleva ya algunas décadas lejos de la tierra que le vio nacer pero nunca olvida sus raíces. Le encanta la cercanía, la sencillez y la simpatía de la gente extremeña y ésas son, precisamente, las cualidades que más importancia da a las personas de sus historias periodísticas.

Ángel Sastre (Don Benito, Badajoz) es corresponsal para diversos medios en América Latina y disfruta cubriendo conflictos “porque es necesario mostrar las desigualdades e injusticias que vive la mayor parte de la gente de este planeta”, dice con resignación. Lleva el periodismo en las venas pero no sólo para informar y contar sino también, y sobre todo, para denunciar e investigar. Ha estado en muchos escenarios y en todos intenta involucrarse con sus protagonistas para adentrarse en el corazón de la noticia. Algunos con un riesgo mayor que otros, como el que le costó un secuestro de casi diez meses -junto a los también corresponsales José Manuel López y Antonio Pampliega- en manos de Al-Nusra, filial de Al Qaeda, mientras cubría la guerra de Siria.

No le gusta hablar mucho de aquella traumática experiencia, dice haberlo contado casi todo en las conferencias y entrevistas que dio cuando le liberaron, algo que utilizó como una vía de escape para volver a la realidad pero, sobre todo, para denunciar la dureza de una guerra cruenta e injusta. Su ritmo de trabajo es frenético, hace malabares con cuatro medios de comunicación a la vez (Cuatro, Telecinco, Onda Cero y La Razón) a los que diariamente, y con mucho esfuerzo, les nutre de contenido latinoamericano. De esta manera se logra pagar las corresponsalías de guerra que realiza porque de otra forma no podría, teniendo en cuenta que “cada vez más los medios dedican muy poco espacio y menos recursos al periodismo internacional, especialmente al que narra los conflictos”, critica con indignación.

A Ángel le encontramos en Colombia, cubriendo los últimos movimientos políticos y sociales ante el recién Acuerdo de Paz. Asegura no interesarle demasiado las declaraciones de los mandatarios, él prefiere pasar un día en un campamento guerrillero, adentrarse en los cultivos de coca y marihuana que se esconden por Colombia o hablar con los jóvenes de la periferia de Cartagena de Indias que, con ritmos de hip-hop, le cantan a la falta de oportunidades. Con este tipo de historias argumenta los contextos donde se halla aunque, muchas veces, ha de fantasear un poco y “vender folclore” si quiere que sus piezas entren en los informativos para los que trabaja; eso sí, sin perder la seriedad de los temas

Lleva días con un dolor en un ojo, el estrés le da señales para que baje el ritmo, pero Ángel no ha acabado de editar una historia y ya está pensando en la siguiente. Por su trayectoria y por su incansable disciplina periodística, recibirá el próximo 10 de noviembre  el galardón “Extremeños de Hoy 2016” en la localidad cacereña de Plasencia. Días antes de esta visita a nuestra tierra, donde le gusta comer jamón, hablamos con él en Bogotá mientras pringamos pan en aceite de oliva que nos hace sentir más cerca de casa.

Ángel, ¿por qué compaginar el periodismo social con el de guerra?

El periodismo de guerra es muy complicado física, mental y económicamente y es por eso que lo compagino con las corresponsalías en América Latina, con las que suelo financiar las informaciones de conflictos que cubro. Creo que todo está relacionado con el periodismo que me gusta hacer.

Las historias que más me atraen son aquellas que afectan a la gente, lo que yo llamo los injustos perdedores o los bajos fondos, los temas sociales. Como periodista me hace sentir feliz y realizado poder cubrir este tipo de noticias que, a veces, no son las mejores pero son las que me hacen cumplir con mi deber como profesional: denunciar e investigar un tema de desigualdad e injusticia social.

Siempre se habla de periodismo de guerra pero, ¿crees que es necesario más periodismo de paz?

Hay periodismo preventivo, de hecho yo lo estudié en la Universidad Complutense que servía para prevenir o denunciar este tipo de conflictos y lograr que no se dieran. ¿Periodismo de paz?, por supuesto que sí. Creo que todos los que cubrimos estas guerras lo hacemos con el deseo y la aspiración de que terminen alguna vez, por eso denunciamos también las aberraciones que se realizan en algunos sitios, como las de Al-Asad que bombardea a su pueblo. Eso lo ponemos en imágenes y a veces es necesario que un periodista español esté ahí en primera persona para que un medio, también español, se interese y lo publique.

Tu secuestro en Siria fue una grave consecuencia de los riesgos de tu trabajo, ¿qué has aprendido de todo eso?

He aprendido a saber decir que no ante ciertos escenarios. Pero sobre todo me ha enseñado a ser mejor periodista y mejor persona.

Apenas han pasado seis meses de la liberación, ¿has tenido tiempo para recapacitar, pensar, meditar por todo lo que pasaste y, a propósito, por lo que pasa el pueblo sirio?

No, no he tenido tiempo. He tenido una vorágine de entrevistas y conferencias que fue mi manera de afrontar la situación. No me arrepiento en absoluto, fue mi manera de llevar las cosas. Aprovecho cualquier circunstancia para poner sobre la mesa el conflicto de Siria. La enorme frustración que me causa que de esto no se hable más que cuando se me entrevista a mí por el secuestro o por otras circunstancias. Y la necesidad de que se siga poniendo a Siria sobre el papel. Creo que es mi manera de poner a Siria en las universidades y en los debates.

Después del secuestro me puse muy pronto en la carretera, me fui a México, ahora estoy cubriendo el proceso de paz en Colombia y es mi manera de llevar las cosas. Una manera seria y responsable, no sé si la más sana o la mejor, ni si la volvería a hacer así, pero la manera que tengo es la de seguir trabajando y continuar hablando del trabajo, de lo que pasó pero siempre de una manera responsable.

¿Cómo fueron esos meses?

Fueron meses largos, duros, la larga espera y la incertidumbre. No sabía cómo estaban mis compañeros. Fue duro a nivel mental. Fue una lucha interna con mi mente.

¿Qué has sentido estos días en Colombia entrevistando a miembros de las FARC durante la X Conferencia Guerrillera y durmiendo en sus mismas caletas (camas que usa la guerrilla en la selva) después de tu secuestro?

En la interacción con los guerrilleros he visto un factor humano muy grande, sin hablar de síndrome de Estocolmo, y unos ideales de lucha y de educación y de cultura que me han sorprendido y emocionado estos días en la Sabana del Yarí (Caquetá). Si uno no se emociona con las historias que allí he escuchado, entonces no sé. Por eso esta profesión es tan bella, porque podemos estar en “la otra parte”, en el backstage y no todo el mundo tiene esa posibilidad.

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El corresponsal extremeño encuadra con su cámara el mundo que llega a nuestras pantallas de televisión./ Silvia Arjona.

¿Cómo observas el mundo, cómo lo ves, cómo lo sientes a través de tu cámara?

Creo que hay una lucha entre el bien y el mal. Hay zonas realmente inhóspitas pero hay mucha gente que no ve ese panorama. Y yo siento la necesidad de ir y mostrarlo con el objetivo de mi cámara. Uno puede vivir en su burbuja perfectamente pero es una burbuja, no es la realidad. Hay un mundo de desigualdad total. Hay zonas como África, el sudeste asiático, buena parte del este, casi toda América Latina…, donde hay unas injusticias y una desigualdad brutal. Uno puede vivir en su casa perfectamente sin pensar en eso pero no es la realidad ni la vida que le toca vivir a muchísimas personas.

Yo cumplo con mi deber y sin eso no podría vivir tranquilamente. Lo que pido es que la gente sienta también esas diferencias que están ahí y que no son tan lejanas.

¿Crees que interesa la información internacional y de conflictos?

Yo no evalúo si la gente está interesada o no, no es mi problema, no voy a juzgar a la audiencia. Mi objetivo es ir allí y contarlo, si no le interesa a la gente no es mi problema.

Sí que pido responsabilidad a los medios y a los gerifaltes de la información para que destinen espacio y dinero a este tipo de información. De nada sirve que un reportero vaya allí y se juegue el pecho si no hay otra contraparte, que son los medios españoles, que dan espacio y dinero para difundir esto. Porque es su obligación como periodista. No somos fabricantes de churros, está bien que se informe de otras cosas mucho más banales, pero hay que tener espacio para informar de estos conflictos y de estas situaciones de desigualdad que se da en muchos países.

Mi denuncia es hacia los medios españoles que no están a la altura, que no están invirtiendo en el periodismo de guerra, que es un oficio costoso. Con la excusa de que no hay dinero o que no interesa a la audiencia cada vez están mostrando menos interés hacia esto.

Hay un montón de periodistas jóvenes que están haciendo un periodismo de primera apostando su vida y sus recursos para que luego se encuentren con unos medios españoles que quizás deberían volver a la universidad para saber qué es el periodismo porque parece que lo han olvidado.

Observando tus ritmos de trabajo y la forma en la que combinas tantos medios, ¿ser corresponsal hoy en día es vivir para trabajar?

Bueno, éste es un panorama del cual no estoy de acuerdo pero en el que me he visto obligado a meterme. Yo lo hago porque mis coberturas son caras y con ellas guardo dinero para poder irme a zonas de conflicto que no me salen rentables. Por lo que no tengo más opción que trabajar para muchos para conseguir dinero y rentabilizar estas historias humanas y de conflicto a la vez.

Lo hago con mucho esfuerzo, guardando límites entre la cantidad y la calidad. Contento porque me encantan los medios para los que trabajo y porque hago prensa, radio y tele; pero creo que para hacer bien las cosas se necesita tiempo, equipos, descanso… Creo que los medios tienen que desarrollar mejor las capacidades de los freelance. Por ejemplo, para la televisión se necesitan dos o tres personas, no una sola como es mi caso, porque la cobertura no es sólo salir frente a la cámara cual busto, sino que hay que entrevistar a la gente, investigar, estar con todas las fuentes, empaparse de la historia si la quieres contar bien… Y para vivir y estar sobre el terreno es necesario tiempo y dedicación.

En este sentido, y siendo tan crítico con el funcionar de los medios, ¿hacia dónde crees que va el periodismo?

Va hacia contar, de la manera más directa y viva, lo que está sucediendo. Casi, casi un streaming, un reality… Cortos cada vez más audiovisuales que con la imagen y el sonido te transportan a lo que está pasando. Y cada vez menos historias largas y menos papel, desgraciadamente.

¿Qué recomiendas a los y las periodistas que apuestan por un oficio de calidad pero que no tienen cabida en los medios para poder difundir bien su trabajo?

Creo que es importante que los medios alternativos sigan funcionando aunque su problema es que económicamente son inviables. Yo opino que el periodismo tiene que generar dinero, es decir, tiene que ser sustentable. No puede haber periodismo gratuito, webs que se mantengan de la nada, la información no puede ser gratuita. La gente que quiere contar sus historias tiene que viabilizar su proyecto y en ningún caso regalar o vender barata la información. Eso no significa que sea fácil, para mí tampoco lo es.

Entiendo que un periodista busque medios en otros trabajos que, muchas veces, puede estar relacionado con el periodismo, como por ejemplo dar clases, pero eso no significa que luego regales ni vendas barato el trabajo periodístico que realizas porque eso significa tirarnos piedras sobre nuestro propio tejado. Si no quieren tu trabajo, no lo regales. Y eso significa seguir intentándolo, buscar alternativas y continuar en la lucha, pero en ningún caso caer en la tentación de regalar el trabajo.

 

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