Hay muchas historias dispuestas para ser contadas

“Las historias importan, muchas historias importan. Las historias se han usado para despojar y calumniar, pero las historia también pueden dar poder y humanizar” –   Chimamanda Adichie, novelista nigeriana.

Elizabeth Masero Visiga / AECOS

Quédense con estas imágenes: una de las principales escuelas de danza africana de todo el continente, L`ecole des sables, que promociona el talento autóctono aún entre la población con menos recursos; un productor musical que ha conseguido reunir en un mismo disco a jóvenes raperos ofreciéndoles desarrollarse profesionalmente en su país; un joven diseñador de moda con su propia marca (Idol) que abre una tienda para vender sus creaciones. Son tres situaciones que he podido comprobar en Senegal en el pasado año. Un año en el que también se produjeron revueltas durante el último periodo electoral. La realidad es así, con su cara y su cruz, los matices son infinitos. Todas son historias dispuestas para ser contadas, pero que no siempre ven la luz. ¿Por qué? ¿Qué papel juega el periodismo y sus profesionales en este sentido?

En una misma ciudad, la viva y ruidosa Dakar, capital de Senegal, viven Saliou Traoré y Pepe Naranjo. Se podrán imaginar: uno senegalés, el otro español, de Canarias. Pero a ambos no sólo los une su ubicación geográfica sino también su trabajo. Son contadores de historias, periodistas. Saliou lleva 32 años trabajando para la española Agencia EFE, al principio como freelance y desde hace 20 años como corresponsal. El contacto con España es permanente, desde 1990, año en el que viaja por primera vez  para aprender castellano. Desde entonces sus visitas son constantes, entre otras cuestiones, para asistir a seminarios en torno a la comunicación y la realidad de África occidental. Conoce bien su país y parte de su continente y trabaja para que medios de otros países se hagan eco de lo que ocurre en algunos de estos 54 países que conforman uno de los continentes hacia los que más indiferencia ha mostrado la prensa internacional. Pepe Naranjo hizo el camino inverso. Es periodista freelance, fundador de Guinguinbali, colaborador del blog África no es un país de El País y autor de Cayucos (2006, Ed. Debate) y Los invisibles de Kolda (2009, Ed. Península). Especializado en temas de migraciones, viajó en numerosas ocasiones a países del África Occidental para buscar respuestas a los porqués de la inmigración africana hacia España en la década de 1990. Ahora se encuentra en Malí, desde donde nos llegan sus reportajes sobre la guerra pero también sobre la esperanza de un pueblo que añora con vivir en libertad. En definitiva el viaje es una parte necesaria para mirar, palpar, preguntar, comprender una realidad de la que, en muchas ocasiones, sólo conocíamos la punta del iceberg. “Muchos periodistas cayeron en la trampa. Redujeron el problema de la inmigración a un asunto de mafias y en lugar de acudir al verdadero origen del problema, relacionado directamente con el fracaso de muchos estados africanos para satisfacer las necesidades de su población, con el injusto reparto de la riqueza, con el neocolonialismo, con la creciente militarización de las fronteras europeas o con la expansión de las nuevas tecnologías, se quedaron en la superficie”, escribe Naranjo en el artículo “La verdad mutilada” en relación al tratamiento informativo que sobre la llegada de pateras a las costas canarias y andaluza en los años 90. Aquel tratamiento se rigió por estereotipos mezclados con miedo, acrecentado por la utilización de términos como oleada, avalancha, invasión en las (des)informaciones periodísticas. También de migraciones ha escrito Saliou Traoré. Una de las informaciones que recuerda con más cariño es la cobertura de los “funerales por dos adolescentes guineanos, Fodé Tounkara y Yaguine Koita, de 14 y 15 años, que murieron en condiciones espantosas al intentar emigrar clandestinamente hacia Europa escondidos en el tren de aterrizaje de un avión de la compañía belga Sabena. Es una de las experiencias profesionales que nunca se olvidan, algo muy emocionante. Miles de guineanos acudieron a los funerales de los dos niños, que eran amigos y que, por imprudencia o ignorancia, pensaron poder realizar el sueño de su vida en una aventura que les ha resultado fatal. Aproveché este viaje para realizar una serie de reportajes, crónicas y entrevistas, hablando con sociólogos, políticos, estudiantes del país para explicar cómo ha sido posible un drama perecido. Era nada más nada menos que la miseria que dejaba a la mayor parte de la juventud sin esperanza de un futuro mejor. Así lo explicaron Yaguine y Fodé en una carta testamento dirigida a los dirigentes europeos y que llevaban en su bolsillo”, cuenta Traoré. Y no duda:  “yo informo de las cosas buenas o malas que ocurren en mi país, sin más”, afirma con rotundidad Traoré cuando le pregunto por el dejarse llevar por los estereotipos.

Con Saliou Traoré en su casa. Dakar, Agosto de 2012.
Con Saliou Traoré en su casa. Dakar, Agosto de 2012. Foto: EMV

Estereotipos y periodismo

Los estereotipos sólo reconocen la existencia de una historia contada desde un único punto de vista. Y  “la consecuencia de una historia única es que ésta roba la dignidad de las personas. Dificulta el reconocimiento de nuestra igualdad humana y enfatiza nuestras diferencias en vez de nuestras similitudes”, son palabras de la novelista nigeriana Chimamanda Adichie en su conferencia TED El peligro de la historia única. Es el peligro que embarga a medios de comunicación entregados a la primicia y a determinadas y determinados profesionales de pluma fácil, anteojeras ante las preguntas y presionadas y presionados por la empresa. Un peligro al que nos exponemos cada día al enfrentarnos a un artículo en prensa, un reportaje en radio o una pieza televisiva en la caja tonta. Un estereotipo según la RAE es  una “imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable”. ¿Inmutable? Quizás en este punto el periodismo tenga mucho que decir, o por lo menos debiera. Las y los profesionales del periodismo podemos romper estereotipos. ¿Cómo? Yendo a la raíz de la cuestión, en periodismo a través de la investigación, del contacto directo con fuentes fiables, de la contextualización en cada momento. ¿Cómo puede ser que se recurra a agencias en pro de la primicia sin esperar a que el o la corresponsal investigue y recabe una información precisa? ¿Cómo se va a informar de lo que ocurre en Filipinas desde la oficina de Madrid? La respuesta: rápido, mal y estereotipadamente. El llamado Sur en cooperación internacional para el desarrollo ha sufrido con creces estas tres consecuencias. Existe un largo y arduo trabajo en cuanto a la descolonización de la mirada de los medios de comunicación del Norte sobre lo que ocurre en el Sur. “A veces desde España me han pedido que redactase temas sobre tópicos africanos como la brujería”, afirma Saliou Traoré, y añade su respuesta: “esas cosas no ocurren en Senegal”. “De África lo que más vende son las guerras, los golpes de Estado, el hambre o el islamismo”, reconoce Pepe Naranjo. Y esto me recuerdo a una lectura recomendada por él, de la cual extraigo este fragmento en clave satírica del escritor y periodista keniata Binyavanga Wainaina:

“Hablar generalizando es bueno. Evita que los personajes africanos se rían o luchen para educar a sus hijos. O mejor, simplemente evita representarlos en circunstancias mundanas. Los personajes africanos deberían ser coloridos, exóticos, más grandes que la vida, pero vacíos por dentro, sin diálogo, si conflictos o resoluciones en sus historias, sin profundidad o rarezas que confundan la causa”

Cómo escribir sobre África, publicado en la revista británica Granta en 2005.

Miradas honestas y rigurosas

La premisa de la objetividad de la periodista o el periodista sólo queda para los libros y la teoría. El bagaje cultural, social, familiar que cada cual acumula es imborrable y marca una determinada manera de ver las cosas, también en las personas dedicadas a la comunicación y el periodismo. “La coherencia tiene un precio”, señala Naranjo. La coherencia a la que se refiere es su pasión por contar África sin prejuicios ni ideas preconcebidas tal y como señala en su blog Inesperada travesía. Y el precio es el de, en alguna ocasión, sobrevivir económicamente con la publicación de reportajes sobre historias interesantes pero arrinconadas o peor, distorsionadas o invisibilizadas, por los medios en el Norte. “A veces me he encontrado tentado de escribir una historia con un enfoque más folclórico, más centrado en el estereotipo de África”, reconoce el periodista. Pero, a sus reportajes me remito, su mirada crítica y su pasión por la profesión con mayúsculas han imperado en el trabajo diario.

Las historias de las que nos queremos hacer eco desde este espacio quizás no tengan cabida en El País, El Mundo o La Vanguardia, preocupados por sus ingresos publicitarios más que por el deber público y social de informar. Sin embargo habremos hecho nuestra apuesta personal y colectiva con nuestras miradas subjetivas sí, pero honestas, rigurosas, veraces, respetuosas y comprometidas. “Creo que en vez de la comunicación, una información libre y responsable es la mejor herramienta para cambiar las mentalidades, fortalecer la democracia, promocionar los derechos humanos y el estado de derecho, es decir sentar las bases de un desarrollo duradero”, cuenta Traoré convencido.

Algunos sabios consejos

“Hay que tener mucho respeto. Para hablar de África hay que estar aquí, vivir aquí, que sean las personas de aquí las que te informen”. Es el primer consejo que nos brinda Pepe Naranjo. En este sentido Saliou Traoré apuesta porque los medios de comunicación, a pesar de la situación económica que vivimos, tuviesen corresponsalías en cada una de las cinco regiones del continente africano.

“Debemos desterrar estereotipos”, sentencia Naranjo. A ello contribuiría lo anteriormente descrito. Y algo se ha avanzado en los últimos años, o al menos, es la visión que tiene Traoré: “poco a poco, los medios europeos dejan de viajar al continente africano en búsqueda de lo extraño y de curiosidades para alimentar tópicos…Tal vez, se han dado cuenta que lejos de los clichés generalizados, no todo es pobreza, desierto o safaris en el continente africano. África es que mucho más que folclore, colores, cante y baile, o el continente de las enfermedades como el sida y la malaria, o de los golpes de estado y guerras civiles. Se notan cambios que ponen de manifiesto una voluntad de dar información fiable sobre el continente y acabar definitivamente con los estereotipos“. Unos estereotipos que Naranjo nos define como “las ruedas pequeñas de la bicicleta. Cuando empiezas, pueden ser útiles pero no es la realidad. Hay que quitarse esas ruedas cuanto antes para poder ser fiel. Y ese paso entraña un gran esfuerzo”

“Aconsejaría, especialmente a los jóvenes colegas, que se vayan al extranjero para aprender cosas que no se aprenden ni por internet aun menos en los libros”, es la recomendación del periodista senegalés. Todo en favor de un alejamiento de los tópicos, estereotipos y etiquetas. Es decir,  “debemos tener un conocimiento directo de los acontecimientos” como señala Naranjo. Volvemos a la premisa de informar sobre lo que ocurre a miles de kilómetros de nosotros sin haber levantado si quiera un teléfono.

Afortunadamente se puede contrarrestar el cariz de las informaciones de los medios de comunicación del Norte sobre el Sur, gracias a la democratización de acceso a la información que ha supuesto Internet. Periodistas de Paraguay, Chile, Bolivia, Kenia, India y cualquier otro punto del mundo nos hacen llegar sus historias de forma directa. Y si no, al menos, hay más facilidad para encontrar a esas fuentes fiables que nos ayuden a desgranar los distintos puntos de vista de una misma realidad.

Porque en la información ni todo es Españoles por el mundo ni todo guerra y destrucción. Siempre hay cabida para los grises, o mejor aún, para el verde esperanza o el rojo pasión.

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