Voto extraviado entre Palestina y España

Adriana Ortiz. Cooperante extremeña en Ramallah (Palestina)

Insistí. Insistí hasta exasperar en saber dónde está mi voto hoy. ¿Llegó o quizá aún se encontraba de camino?

Y revisé el recorrido que yo y mi voto hicimos. Una visita al consulado español de Jerusalén, consulado más cercano a la ciudad donde resido, Ramallah, en Palestina. Durante el mes de Ramadán en cualquier país musulmán, la mayoría de los ciudadanos ayunan, y como minoría no-musulmana decidimos no comer ni beber mientras paseamos, caminamos o nos trasladamos en buses públicos. La ciudad de Ramallah y Jerusalén están aisladas la una de la otra a través de un muro de separación de unos 8 metros de alto, y que rodea gran parte del territorio palestino, hasta unos 700 kilómetros están construidos a día de hoy. Para tan sólo 13 kilómetros de distancia entre ambas ciudades, se requiere al menos una hora y media de bus. Y un tiempo incalculable para cruzar el checkpoint que separa ambas ciudades donde nuestros pasaportes son revisados y en ocasiones tenemos que ceder a un interrogatorio por parte de los soldados israelíes sobre nuestra vida personal y laboral. Esta situación en este mes de junio se da a unos 40 grados de temperatura. Cualquier ciudadano trataría de evitar por cuestiones banales cruzar este checkpoint, donde cientos de palestinos, entre ellos ancianos y niños, aguardan en masa impacientes la voluntad de los soldados a permitir su paso.

Pero estoy decidida a ejercer mi derecho al voto, como desearán hacer muchos de los casi dos millones de residentes españoles en el extranjero. Mi determinación esta vez no retrocederá, aunque temo la misma situación que el último 20D, cuando me negaron este derecho debido a que no figuraba mi nombre entre la lista de residentes con posibilidad de rogar el voto en el mismo consulado. Me resistí a sucumbir a la idea aunque las indicaciones en el consulado de Jerusalén no fueron muy esclarecedoras, más bien todo lo contrario. Este consulado es la institución de representación de los residentes españoles en Palestina, pero que sin embargo no tiene la capacidad de enviar nuestros votos a los territorios palestinos, ni tampoco al mismo consulado. Pido un favor a una amiga española residente en Jerusalén para facilitarme su dirección y así “garantizar” que puedo gozar de este derecho político que todos los ciudadanos españoles tenemos independientemente del lugar de residencia. Las indicaciones que recibo del consulado mencionan que tenemos hasta el día 22 de junio para enviar nuestro voto, aunque los funcionarios de dicha institución se muestran dudosos en cuanto a los tiempos de recibo del voto, e insisten en que probablemente “no llegarán”, sin inmutarse, y sin ningún mecanismo legal para evitar esto. Paciente prefiero pensar en positivo.

Finalmente, el día 18 de junio llega mi voto, mi amiga me lo entrega a través de otra amiga residente en Ramallah. Y el día siguiente, 19 de junio recurro a una oficina de envíos internacionales en Ramallah. No saben cómo llevar a cabo el envío. Yo llamo al consulado, pero a mi pesar me doy cuenta de que aunque en Palestina la semana laboral comienza el domingo (en los países musulmanes el fin de semana es viernes y sábado), el consulado español, con sus propios horarios, está cerrado en domingo. Llamo a unos cinco amigos, pero todos hemos recibido indicaciones diversas debido a nuestro diferente estatus de residentes. Yo no soy residente ausente (en España), si no residente temporal en Palestina. Después de divagaciones con colegas y la empresa de envíos, decidimos enviar el voto a sobre abierto ya que la fecha debe estar indicada en el mismo, y lo envío a través del correo ordinario israelí, que me supone 130 shekels, unos 28 euros al cambio. Y recuerdo los más de 20.000 expatriados españoles aún esperando a que el Gobierno les reembolse el dinero de las elecciones de diciembre (e incluso todavía del 2011), entre ellos 2 de mis compañeras de piso en Ramallah.

“El Estado velará especialmente por la salvaguardia de los derechos económicos y sociales- políticos- de los trabajadores españoles en el extranjero”. Ya en el consulado, quizá con el fin de mermar mi decisión después de 2 horas de extenuante viaje, me comentan que “la tarifa es estándar, a todos se les reembolsa el mismo dinero, no sé cómo, pero igualmente espere usted sentada, quizá después de unos meses” recita impasible la funcionaria.

Mi voto no llegó. Se desconoce su paradero. Pero estoy convencida de que ningún esfuerzo ha sido en vano.

Y no me inquietaré durante esta jornada, repito así las palabras de la cantante tunecina Neyssatou: “Todo irá bien siempre y cuando el caballo no se azore, y mientras sus caballeros no sean olvidadizos; siempre y cuando los disparos cosan y las flores sangren perfume, mientras la mente pensante no se venga abajo, mientras la luz esté en la cabeza, y las palabras contenidas en el vaso”.

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